Exorcismo de Almansa (Albacete, 1990)

Rosita Fernández Gonzálvez
Es difícil imaginar un crimen más brutal que el acontecido en Almansa aquella madrugada de septiembre, es casi imposible encontrar justificación para un hecho así, incluso aunque las drogas o los brebajes preparados por Rosa Gonzálvez, curandera y madre de Rosita, puedan hacer mella en la conducta tanto de la madre de Rosita como en el de sus compañeras. Es igual de difícil creer que el sumiso padre de Rosita, atenazado por el pánico, sucumbiese a entregar a su hija a la muerte.
Crónica
Nota a los lectores: Este relato es verídico y narra uno de los crímenes más duros de la crónica negra española, los detalles de este horrendo crimen quedarán ocultos y solo los lectores que lo consideren accederán a la parte más macabra del relato, no recomendamos la lectura de este relato a menores de edad ni personas muy sensibles.
En la madrugada del martes 18 de septiembre de 1990, en Almansa (Albacete), Rosa Gonzálvez Fito, con ayuda de las hermanas María de los Ángeles Rodríguez Espinilla y Mercedes Rodríguez Espinilla, arrancaba las entrañas del vientre de su propia hija a través de su vagina al creerla embarazada por el Diablo. Esa fatídica noche, acontecía uno de los episodios más aberrantes y horribles de la memoria negra española.
Y curandera es lo que eligió ser Rosa Gonzálvez Fito en una Almansa en la que se llegaron a contabilizar por aquel entonces entre 200 y 400 curanderos/as. Desde muy pequeña comenzó a introducirse en el mundo esotérico y en el conocimiento de los usos de las plantas con fines terapéuticos que utilizaría en sus sesiones como curandera. Rosa estaba convencida de que poseía un don que podría emplear para ayudar a otras personas, no solo en el arte de la curación, sino también en el de la adivinación. Para ello Rosa empleaba todo tipo de plantas que ella misma iba a buscar al campo, cuyas propiedades no solo empleaba para curar a sus clientes, sino también para potenciar sus artes adivinatorias.
Poco a poco Rosa fue ganándose un nombre como curandera y vidente, a Rosa le iba tan bien que su marido, Jesús Fernández, dejó su trabajo como zapatero para ejercer como el secretario de su mujer. Él organizaba su agenda, gestionaba sus visitas, vigilaba que todo estuviese en orden en la habitación que habían habilitado como sala de espera, y se encargaba también de los cobros. Pero un rumor empezó a correr entre los curanderos de Almansa, los mejores curanderos serían los que trabajasen junto a un hermano o hermana, y Rosa, en su afán por mantener su caché y alzarse como la mejor curandera instó a su hermana Ana María a trabajar con ella. Pero no contenta con esto también invitó a una de sus vecinas y clientas, María de los Ángeles, que profesaba una gran fe por las artes curativas y era plenamente creyente. Rosa, a su vez, pidió a María de los Ángeles que trajese a una de sus hermanas, con la intención de mejorar su reputación, alzarse sobre el resto de curanderos y curanderas del municipio, y atraer así a un mayor número de fieles. La elegida sería su hermana Mercedes.
María de los Ángeles, cada vez mas absorbida y fascinada por Rosa, dejaba a su marido Martín Toledo para pasar a ser la amante de Rosa. Rosa acabaría convenciendo a María de los Ángeles que su marido Martín estaría poseído por el mal, y que sería el culpable de que los dos hijos que tenía la pareja tuviesen una actitud rebelde.
Rosa propuso a María de los Ángeles que Ana María y Mercedes, sus respectivas hermanas, también se convirtiesen en amantes.
Sábado 15 de septiembre de 1990
Todo empezaría tan solo unos días antes del día en el que se produciría el fatídico crimen. Las cuatro amigas quedarían para cenar aprovechando la visita de Mercedes Rodríguez Espinilla, a su hermana María de los Ángeles y familia de Almansa. Mercedes residía en Valladolid, lo cual no era un impedimento para el afán de Rosa de ganar prestigio como curandera al hacer creer a los ciudadanos de Almansa y alrededores que eran dos parejas de hermanas las que ejercían este arte en su casa, se trataba tan solo de un simple escaparate.
Tras la cena Rosa se encontraría indispuesta, su rostro cambiaría por completo y empezaría a decir frases carentes de sentido, aún así las amigas seguirían juntas, y juntas empezarían a ingerir alguna de las mezclas que Rosa preparaba con las plantas que recogía del campo. Esas infusiones hechas con beleño no tardarían en producir sus efectos en las cuatro mujeres.
Rosa, bajo los efectos del beleño dice hablar en nombre de San Jerónimo, dice que es él mismo el que ha tomado el control de sus cuerdas vocales, y que a través de su voz se está comunicando con las otras tres amigas. Las cuatro amigas se dirigen a casa de María de los Ángeles donde empezaría una espiral de rituales y juegos sexuales con trágico final. Destrozan las figuras religiosas de la casa de María de los Ángeles y empiezan a producirse cortes con sus propias manos para sangrar, las cuatro mujeres vomitan y orinan por todo el piso. Rosa acaba manteniendo relaciones sexuales con María de los Ángeles, su amante, obligando a las otras dos amigas a mirar.
Domingo 16 de septiembre de 1990
Con los primeros rayos de luz las cuatro amigas se separan, por un lado se van Mercedes y Ana María, y por el otro Rosa y María de los Ángeles, que junto a los dos hijos de María de los Ángeles se van a recolectar más hojas de beleño para volver a entrar en trance horas más tarde. Quieren además que Mercedes y Ana María se unan a sus juegos sexuales anulando así la voluntad de estas.
Las dos amigas junto con los pequeños van a casa de Rosa, y desde allí llaman a Mercedes y Ana María para que acudan a su casa de Rosa, pero solo acude Mercedes.
Rosa y María de los Ángeles creen ser ahora Jesucristo y la virgen María, dicen a Mercedes que van a contraer matrimonio y la invitan a pasar. El beleño hace efecto y se traduce en una fuerte actitud agresiva en las tres mujeres, rompen muebles, cristales, se desnudan, se producen cortes con los cristales, se provocan vómitos y defecan por toda la casa. Las tres mujeres mantienen relaciones sexuales entre ellas.
Llegada la noche Rosa cree que María de los Ángeles está poseída, que el espíritu de su marido Martín es el que está provocándole tanto sufrimiento, y que es por culpa de Martín por lo que sus dos hijos tienen un comportamiento un tanto rebelde. Rosa pretende liberar a María de los Ángeles del mal, pero no solo a ella, sino también a los dos pequeños. A ambos les mete los dedos en la garganta, les araña y les obliga a vomitar para que “echaran el pato que tenían dentro”, expulsando también algo de sangre debido a las heridas producidas por Rosa.
Martín, marido de María de los Ángeles, nervioso, viendo que se hace tarde y que al día siguiente es el primer día de colegio acude a casa de Rosa para ir a buscar a sus hijos e intentar convencer a María de los Ángeles para que vuelva con ellos. Martín no es bien recibido, las mujeres no le dejan pasar y la violencia se hace patente. Aún así Martín consigue llevarse a los niños a la fuerza. Pide a María de los Ángeles que vuelva a casa con él, pero ella se niega, quiere quedarse con Rosa, su amante.
Lunes 17 de septiembre de 1990
La mañana del lunes día 17 Jesús Fernández, el marido de Rosa, alertado por lo que estaba ocurriendo en su propia casa, entabla una conversación con su hermana Josefa Fernández y su cuñada Ana María, los tres se ponen en contacto con Rosa, María de los Ángeles y Mercedes para hablar de lo que estaba ocurriendo en su casa y hacerlas entrar en razón, las citan en en número 89 de la Calle de La Rosa, en el mismo municipio albaceteño. Pero la capacidad de manipulación de Rosa es enorme, e intenta hacerles partícipes de la situación que María de los Ángeles, Mercedes y ella están sufriendo y de la gran labor que está llevando a cabo eliminando el mal de sus cuerpos.
Los seis vuelven a casa de Rosa y Jesús y acuden al dormitorio principal donde da inicio un nuevo ritual, el alma de María de los Ángeles está sufriendo y necesita ser liberada del mal, todos son espectadores del exorcismo que Rosa practica a su amante. María de los Ángeles asegura que la curandera le ha salvado la vida, a lo que ésta responde: “Yo no soy Rosa, soy un extraterrestre de otro planeta…”. Tras este ritual todo parece volver a la calma. Son aproximadamente las 18:00h cuando Josefa, Mercedes y Ana María se marchan, pero en la habitación se quedan Rosa y María de los Ángeles, en el domicilio pero fuera de la habitación también se quedaría Jesús.
La locura no tardaría en volver, las danzas, los rituales, los gritos durarían horas... Jesús no puede acceder a la habitación, pero es testigo de todo lo que ocurre en ella.
A media noche Mercedes llama a la puerta, Jesús abre esperanzado en que Mercedes le ayude a sacar a su mujer y a María de los Ángeles de la habitación, quiere poner fin a lo que sea que esté ocurriendo ahí adentro, pero nada más lejos de la realidad. Mercedes se une a las danzas, a los cánticos y a la locura que ocurre en esa habitación, por si no tuviesen suficiente consumen más beleño y destrozan todo lo que las rodea. Los vómitos y las defecaciones empiezan a inundarlo todo formando un extraño puré.
Jesús ya no puede más, quiere saber que está ocurriendo, consigue entrar en la habitación pero las tres mujeres le golpean y le obligan a limpiar todo el estropicio. Jesús, presa del pánico, accede a realizar lo que le piden. Es entonces cuando resuena en su cabeza un nombre... "Rosita".
Las tres mujeres le piden que les lleva a Rosita a esa habitación. Un sumiso Jesús, lejos de huir con su hija, accede sin rechistar y les lleva a su hija Rosita. Cierra la puerta de la habitación y se queda fuera sin aportar una nota de cordura a todo ese despropósito, entregando a su hija a aquella orgía de orina, vómitos, y excrementos. Entrega a su hija a la muerte.
Las tres mujeres desnudan a Rosita, la llevan a la cama y la cubren con la sábana. Rosita se queda dormida, pero su madre la despierta y la obliga a levantarse. Rosita obedece.
La niña se tumba en el suelo siguiendo las órdenes de su madre. Rosita tiembla, Mercedes se percata de ello y pide a Rosa que si hay que liberarla del mal deben hacerlo cuanto antes. Pero Mercedes provoca la ira de Rosa, que ahora cree que el mal está dentro del cuerpo de Mercedes. Rosa se abalanza sobre ella para golpearla, a Rosa se le una María de los Ángeles, las dos piensan que el demonio ha poseído a Mercedes y deben liberarla del mal, y solo podrán conseguirlo con su sangre, Mercedes debe sangrar para ser liberada y quedar limpia de todo mal. Al conseguirlo Rosa queda convencida de que ha conseguido liberar a Mercedes del demonio que se había introducido en su cuerpo, pero no se queda tranquila. No puede ser tan fácil. Su hija Rosita...
Rosa cree ahora que el demonio ha poseído el cuerpo de su hija Rosita, y no solo eso, a Rosa le llama la atención que Rosita, a la que recientemente le bajó su primera menstruación tenga una falta. Rosa cree que su hija Rosita está embarazada por el "Maligno", y actúa en consecuencia...
Los puñetazos y patadas caen sin respiro sobre la pequeña, Rosita grita aterrorizada. Jesús, alertado por los gritos de su hija abre la puerta, pero las tres mujeres impiden su paso hasta la pequeña y le golpean sin parar. El ausente valor de Jesús, ni siquiera acrecentado por el sufrimiento al que está sometida su hija, le tiene un lugar asignado, al otro lado de la puerta de la habitación. Jesús acierta a reunir la coherencia suficiente como para decidir salir en busca de ayuda, pero nada, ninguna de sus inútiles acciones evitaría el trágico final de Rosita, su hija de 11 años.
El periodista Luis Bonete reconstruye exactamente todo lo que ocurrió en la casa del matrimonio Fernández/Gonzálvez aquella noche:
“En la madrugada del día 18, Jesús entra en el dormitorio y sorprende a su mujer totalmente desnuda, con las hermanas Rodríguez. Las tres estaban cubiertas de excrementos y bilis. Tiempo antes, se había desarrollado otro ataque de histeria exorcista en la habitación. A golpes, obligan a Jesús a que limpie la habitación y a que despierte a Rosi, hija del matrimonio, que ya estaba acostada en su habitación. El padre conduce a la pequeña a la habitación, donde es desnudada y metida en la cama. Pero poco tiempo podrá dormir la pequeña, ya que un rato después es despertada por su madre y obligada a tumbarse en el frío suelo. Lógicamente, la niña comienza a tiritar. En ese instante, dice Mercedes: “Si vais a quitar el mal, hacedlo ya, porque la niña no se encuentra bien”. Rosa, ebria de superstición, exclamó “¡Maldita sea! El mal está dentro de ti”.
Las tres mujeres llevan arrastras a la pequeña Rosita a su habitación, la acuestan en una de las dos camas y la otra la arrastran contra la puerta de la habitación a fin de entorpecer el paso de quien ose a intentar entrar. Vuelven las oraciones, los rituales, los golpes a la niña y los insultos al diablo.
Jesús vuelve a la casa hacia las 6 de la mañana, pero en lugar de llamar a la policía o autoridades competentes para evitar ese desastre decide ir a buscar a su cuñada Ana María... se siguen oyendo los gritos de Rosita, los golpes... tratan de derribar la puerta pero es imposible. Jesús y Ana María son testigos auditivos durante horas del sufrimiento de hija y sobrina... pero en lugar de tomar cartas en el asunto y parar todo ese despropósito deciden esperar a que todo vuelva a la normalidad, ya habían sido testigos de muchos rituales, seguro que llegaría la calma...
A partir de aquí se relatan los detalles escabrosos del asesinato de una niña, recomiendo evitar la lectura a personas sensibles.
Rosa abre las piernas de su hija e introduce un dedo en la vagina de la pequeña, poco a poco ira introduciendo toda la mano. Rosa busca al hijo del demonio que se encuentra en el útero de la pequeña, rasga con sus uñas el interior de la vagina de su hija, insiste, introduce la mano más profundamente, rompe con sus uñas las paredes del útero de la niña que llora ante un sufrimiento indescriptible mientras Mercedes y María de los Ángeles la sujetan. La pequeña pide a su madre que acabe pronto con lo que sea que esté haciendo, serán sus últimos minutos de vida.
Rosa, no contenta con lo que está encontrando decide meter su segundo brazo, haciendo palanca y extrayendo el útero y los intestinos de la pequeña Rosita. Para Rosa, cada una de las vísceras que extrae de su hija es un hijo del demonio. Por suerte el shock hipovolémico producido por la enorme pérdida de sangre no tardaría en llegar, evitando así más sufrimiento a la pequeña, Rosa moría en manos de su propia madre, mientras un padre al que le faltaron cojones esperaba en el sofá.
Rosa seguía extrayendo órganos de la pequeña sin parar, pero ya cansada le pide a María de los Ángeles que siga, y sigue sacando órganos de la pequeña que quedan esparcidos por la habitación.

Rosita fallecida

Vísceras de la pequeña esparcidas por el suelo
La autopsia de la pequeña reveló que Rosita intentó defenderse en los primeros momentos, únicamente el estómago, el bazo y el hígado fueron los órganos que las tres desequilibradas no extrajeron del cuerpo de la pequeña. La tortura final duraría una media hora.
Martes 18 de septiembre de 1990
Son las 9 de la mañana aproximadamente y Jesús y Ana María logran vencer la resistencia de la puerta, la dantesca escena les deja paralizados. Jesús sale corriendo a buscar ayuda cuando ya es demasiado tarde y ha tenido horas y horas para parar toda aquella locura. Ana María se queda sola, estupefacta viendo ese horror, las tres mujeres se la quedan mirando y deciden que si le sacan los ojos a Ana María, la pequeña Rosita volverá a la vida. Las tres se abalanzan sobre el cuerpo de Ana María y empiezan a golpearla a la vez que intentan arrancarle los ojos. Ana María consiguió huir aún a pesar de las graves secuelas que sufriría en los ojos.
Cuando Rosa, Mercedes y María de los Ángeles se quedan solas empiezan a ser conscientes de la locura que han hecho con sus propias manos. Cada una de ellas reacciona de una manera diferente. Mercedes se quedaría en la escena del crimen y sería detenida en esa estancia de horror. Rosa y María de los Ángeles huyeron de la escena del crimen pero tomando caminos diferentes. Rosa trataría de refugiarse en un bar, pero María de los Ángeles se abalanzó sobre el primer coche en marcha que se encontró en su camino, obligó al conductor a salir del coche y emprendió la huida en el coche, pero no tardaría en ser detenida al igual que Rosa, que sería detenida poco después.

Rosa Gonzálvez Fito, la madre de Rosita, detenida aún con la ropa llena de sangre

Jesús, el padre de Rosita

Ana María hospitalizada por los graves daños sufridos en sus ojos
El juicio
El juicio por el Crimen de Almansa dio comienzo a las 10 de la mañana del día 22 de enero de 1992.
María de los Ángeles, sentada en el banquillo de los acusados, mira a su marido, llora y le pide perdón desde la distancia. Martín la observa, y sabe que de no haber arrancado a sus hijos de las manos de su mujer y de las otras dos perturbadas podrían haber sido sus hijos los sometidos a aquel terrorífico exorcismo. No puede perdonarla.
Jesús y Ana María fueron procesados por omisión del deber de socorro, pero se dictaría un auto de sobreseimiento que les dejaría libres de todo cargo.

María de los Ángeles, Rosa y Mercedes en los juzgados
En febrero de 2022 el juez tomó la decisión de absolver a Mercedes “por no haber participado activamente en los hechos”, e internar a Rosa y a María de los Ángeles en un centro psiquiátrico, liberadas de la acusación de asesinato por la eximente de trastorno mental transitorio. En los oídos de los asistentes al juicio quedó grabada la sentencia del juez, que terminó diciendo:
“Por un lado deseo que el internamiento sirva para que Rosa se recupere, pero por otro lado deseo que nunca lo haga, para que así no se de cuenta de lo que ha hecho”.
Posteriormente la madre afirmó que en ningún momento pretendieron asesinar a la niña, y que una vez extirpadas las vísceras podrían ser colocadas de nuevo y así devolver a Rosa a la vida. Cuanta locura, cuanta ignorancia.
La prensa de la época tildó el crimen de satanista a pesar de haberse hecho en "nombre de Dios", igual que tantas guerras, igual que tantas estúpidas decisiones. Eran los 90, una época en la que para caracterizar a un maleante en tv tenías que ponerle pelo largo, una camiseta de Iron Maiden y una litrona en la mano. Aún así los tiempos no cambian y muy posiblemente en nuestros días los titulares no hubiesen sido muy diferentes, diferentes si que hubiesen sido las sentencias si los asesinos hubiesen sido el padre, el amante del padre y el hermano del amante del padre, y todos hubiesen actuado también bajo los efectos del beleño.
Fue imposible vender la casa en la que se produjeron los hechos, por ello en el mapa que se adjunta con este artículo la casa no coincide con la de las fotografías de la época.

Rosita Fernández Gonzálvez
Es difícil imaginar un crimen más brutal que el acontecido en Almansa aquella madrugada de septiembre, es casi imposible encontrar justificación para un hecho así, incluso aunque las drogas o los brebajes preparados por Rosa Gonzálvez, curandera y madre de Rosita, puedan hacer mella en la conducta tanto de la madre de Rosita como en el de sus compañeras. Es igual de difícil creer que el sumiso padre de Rosita, atenazado por el pánico, sucumbiese a entregar a su hija a la muerte.
| Personas clave: Víctima: Rosita Fernández Gonzálvez. 11 años. Asesinas: Rosa Gonzálvez Fito. "Curandera" y madre de la víctima. 36 años. María de los Ángeles Rodríguez Espinilla. Esposa de Martín Toledo y amante de Rosa Gonzálvez. Mercedes Rodríguez Espinilla. Hermana de María de los Ángeles. Testigos o personas relacionadas de algún modo con el caso: Ana María Gonzálvez Fito, hermana de Rosa Gonzálvez Fito y tía de la víctima. Jesús Fernández Pina. Padre de Rosita. Martín Toledo. Marido de María de los Ángeles Rodríguez Espinilla. |
| Lugares de interés: Vivienda de la calle Valencia 4 de Almansa. Lugar donde se produje el crimen de la pequeña Rosita. Vivienda de la calle de la Rosa 89 de Almansa. |
| Cronología: 13 de septiembre de 1990. Mercedes, que habitualmente vive en Valladolid, llega a Almansa y quedan las cuatro amigas para cenar la noche del sábado. 15 de septiembre. Las cuatro amigas quedan para cenar, pero tras la cena Rosa parece estar indispuesta. 18 de septiembre de 1990. Asesinan a Rosita Fernández Gonzálvez en un macabro ritual. Febrero de 1992. Las tres imputadas son absueltas, Mercedes queda libre y Rosa y María de los Ángeles son internadas en un psiquiátrico. |
Crónica
Nota a los lectores: Este relato es verídico y narra uno de los crímenes más duros de la crónica negra española, los detalles de este horrendo crimen quedarán ocultos y solo los lectores que lo consideren accederán a la parte más macabra del relato, no recomendamos la lectura de este relato a menores de edad ni personas muy sensibles.
En la madrugada del martes 18 de septiembre de 1990, en Almansa (Albacete), Rosa Gonzálvez Fito, con ayuda de las hermanas María de los Ángeles Rodríguez Espinilla y Mercedes Rodríguez Espinilla, arrancaba las entrañas del vientre de su propia hija a través de su vagina al creerla embarazada por el Diablo. Esa fatídica noche, acontecía uno de los episodios más aberrantes y horribles de la memoria negra española.
Curandero/a: Según wikipedia un curandero es un sanador tradicional que utiliza elementos naturales para curar medios tanto físicos como espirituales. Por ello, su posición antropológica puede incorporar también los roles tradicionales del hombre que cura y del chamán. Sus funciones van desde proveer curación a enfermedades mentales, emocionales, físicas y espirituales mediante tratamientos herbolarios y masajes, hasta la purificación del espíritu y la sanación de males mágicos con la ayuda de espíritus o deidades.
Y curandera es lo que eligió ser Rosa Gonzálvez Fito en una Almansa en la que se llegaron a contabilizar por aquel entonces entre 200 y 400 curanderos/as. Desde muy pequeña comenzó a introducirse en el mundo esotérico y en el conocimiento de los usos de las plantas con fines terapéuticos que utilizaría en sus sesiones como curandera. Rosa estaba convencida de que poseía un don que podría emplear para ayudar a otras personas, no solo en el arte de la curación, sino también en el de la adivinación. Para ello Rosa empleaba todo tipo de plantas que ella misma iba a buscar al campo, cuyas propiedades no solo empleaba para curar a sus clientes, sino también para potenciar sus artes adivinatorias.
Poco a poco Rosa fue ganándose un nombre como curandera y vidente, a Rosa le iba tan bien que su marido, Jesús Fernández, dejó su trabajo como zapatero para ejercer como el secretario de su mujer. Él organizaba su agenda, gestionaba sus visitas, vigilaba que todo estuviese en orden en la habitación que habían habilitado como sala de espera, y se encargaba también de los cobros. Pero un rumor empezó a correr entre los curanderos de Almansa, los mejores curanderos serían los que trabajasen junto a un hermano o hermana, y Rosa, en su afán por mantener su caché y alzarse como la mejor curandera instó a su hermana Ana María a trabajar con ella. Pero no contenta con esto también invitó a una de sus vecinas y clientas, María de los Ángeles, que profesaba una gran fe por las artes curativas y era plenamente creyente. Rosa, a su vez, pidió a María de los Ángeles que trajese a una de sus hermanas, con la intención de mejorar su reputación, alzarse sobre el resto de curanderos y curanderas del municipio, y atraer así a un mayor número de fieles. La elegida sería su hermana Mercedes.
María de los Ángeles, cada vez mas absorbida y fascinada por Rosa, dejaba a su marido Martín Toledo para pasar a ser la amante de Rosa. Rosa acabaría convenciendo a María de los Ángeles que su marido Martín estaría poseído por el mal, y que sería el culpable de que los dos hijos que tenía la pareja tuviesen una actitud rebelde.
Rosa propuso a María de los Ángeles que Ana María y Mercedes, sus respectivas hermanas, también se convirtiesen en amantes.
Sábado 15 de septiembre de 1990
Todo empezaría tan solo unos días antes del día en el que se produciría el fatídico crimen. Las cuatro amigas quedarían para cenar aprovechando la visita de Mercedes Rodríguez Espinilla, a su hermana María de los Ángeles y familia de Almansa. Mercedes residía en Valladolid, lo cual no era un impedimento para el afán de Rosa de ganar prestigio como curandera al hacer creer a los ciudadanos de Almansa y alrededores que eran dos parejas de hermanas las que ejercían este arte en su casa, se trataba tan solo de un simple escaparate.
Tras la cena Rosa se encontraría indispuesta, su rostro cambiaría por completo y empezaría a decir frases carentes de sentido, aún así las amigas seguirían juntas, y juntas empezarían a ingerir alguna de las mezclas que Rosa preparaba con las plantas que recogía del campo. Esas infusiones hechas con beleño no tardarían en producir sus efectos en las cuatro mujeres.
Beleño: Los principales componentes activos del beleño son la hiosciamina (ingrediente principal), la escopolamina y la atropina, todos alcaloides tropanos altamente tóxicos.
El beleño se ha utilizado como medicina desde la antigüedad y tenía una sólida reputación como hierba mágica que, por ejemplo, se usaba en pociones de amor y para inducir alucinaciones.
En la época medieval, la hierba era popular como ayuda para dormir y en grandes dosis se usaba como veneno mortal, a menudo el favorito de un asesino.
Los alcaloides tóxicos en el beleño se pueden absorber fácilmente a través de la piel, y la hierba fue uno de los principales ingredientes de la infame “pomada voladora de brujas”. La pomada se frotó sobre escobas para que las toxinas se absorbieran a través de la delgada piel del recto y la vagina.
La hierba puede causar alucinaciones y sueños muy vívidos, tan fuertes que las personas a veces no pueden distinguir la realidad de la ilusión después de usar la planta.
Puede causar mareos, náuseas, membranas mucosas secas en la boca, dificultad para tragar, fiebre, alucinaciones (a menudo con contenido erótico), pulso y respiración rápidos, aumento de la presión arterial, convulsiones, entumecimiento y ganas de descansar y dormir.
En casos severos, la hierba puede ser mortal, causando paro cardíaco o parálisis respiratoria.
Anula la voluntad de quien lo consume y se vuelve fácilmente manipulable.
Rosa, bajo los efectos del beleño dice hablar en nombre de San Jerónimo, dice que es él mismo el que ha tomado el control de sus cuerdas vocales, y que a través de su voz se está comunicando con las otras tres amigas. Las cuatro amigas se dirigen a casa de María de los Ángeles donde empezaría una espiral de rituales y juegos sexuales con trágico final. Destrozan las figuras religiosas de la casa de María de los Ángeles y empiezan a producirse cortes con sus propias manos para sangrar, las cuatro mujeres vomitan y orinan por todo el piso. Rosa acaba manteniendo relaciones sexuales con María de los Ángeles, su amante, obligando a las otras dos amigas a mirar.
Domingo 16 de septiembre de 1990
Con los primeros rayos de luz las cuatro amigas se separan, por un lado se van Mercedes y Ana María, y por el otro Rosa y María de los Ángeles, que junto a los dos hijos de María de los Ángeles se van a recolectar más hojas de beleño para volver a entrar en trance horas más tarde. Quieren además que Mercedes y Ana María se unan a sus juegos sexuales anulando así la voluntad de estas.
Las dos amigas junto con los pequeños van a casa de Rosa, y desde allí llaman a Mercedes y Ana María para que acudan a su casa de Rosa, pero solo acude Mercedes.
Rosa y María de los Ángeles creen ser ahora Jesucristo y la virgen María, dicen a Mercedes que van a contraer matrimonio y la invitan a pasar. El beleño hace efecto y se traduce en una fuerte actitud agresiva en las tres mujeres, rompen muebles, cristales, se desnudan, se producen cortes con los cristales, se provocan vómitos y defecan por toda la casa. Las tres mujeres mantienen relaciones sexuales entre ellas.
Llegada la noche Rosa cree que María de los Ángeles está poseída, que el espíritu de su marido Martín es el que está provocándole tanto sufrimiento, y que es por culpa de Martín por lo que sus dos hijos tienen un comportamiento un tanto rebelde. Rosa pretende liberar a María de los Ángeles del mal, pero no solo a ella, sino también a los dos pequeños. A ambos les mete los dedos en la garganta, les araña y les obliga a vomitar para que “echaran el pato que tenían dentro”, expulsando también algo de sangre debido a las heridas producidas por Rosa.
Martín, marido de María de los Ángeles, nervioso, viendo que se hace tarde y que al día siguiente es el primer día de colegio acude a casa de Rosa para ir a buscar a sus hijos e intentar convencer a María de los Ángeles para que vuelva con ellos. Martín no es bien recibido, las mujeres no le dejan pasar y la violencia se hace patente. Aún así Martín consigue llevarse a los niños a la fuerza. Pide a María de los Ángeles que vuelva a casa con él, pero ella se niega, quiere quedarse con Rosa, su amante.
Lunes 17 de septiembre de 1990
La mañana del lunes día 17 Jesús Fernández, el marido de Rosa, alertado por lo que estaba ocurriendo en su propia casa, entabla una conversación con su hermana Josefa Fernández y su cuñada Ana María, los tres se ponen en contacto con Rosa, María de los Ángeles y Mercedes para hablar de lo que estaba ocurriendo en su casa y hacerlas entrar en razón, las citan en en número 89 de la Calle de La Rosa, en el mismo municipio albaceteño. Pero la capacidad de manipulación de Rosa es enorme, e intenta hacerles partícipes de la situación que María de los Ángeles, Mercedes y ella están sufriendo y de la gran labor que está llevando a cabo eliminando el mal de sus cuerpos.
Los seis vuelven a casa de Rosa y Jesús y acuden al dormitorio principal donde da inicio un nuevo ritual, el alma de María de los Ángeles está sufriendo y necesita ser liberada del mal, todos son espectadores del exorcismo que Rosa practica a su amante. María de los Ángeles asegura que la curandera le ha salvado la vida, a lo que ésta responde: “Yo no soy Rosa, soy un extraterrestre de otro planeta…”. Tras este ritual todo parece volver a la calma. Son aproximadamente las 18:00h cuando Josefa, Mercedes y Ana María se marchan, pero en la habitación se quedan Rosa y María de los Ángeles, en el domicilio pero fuera de la habitación también se quedaría Jesús.
La locura no tardaría en volver, las danzas, los rituales, los gritos durarían horas... Jesús no puede acceder a la habitación, pero es testigo de todo lo que ocurre en ella.
A media noche Mercedes llama a la puerta, Jesús abre esperanzado en que Mercedes le ayude a sacar a su mujer y a María de los Ángeles de la habitación, quiere poner fin a lo que sea que esté ocurriendo ahí adentro, pero nada más lejos de la realidad. Mercedes se une a las danzas, a los cánticos y a la locura que ocurre en esa habitación, por si no tuviesen suficiente consumen más beleño y destrozan todo lo que las rodea. Los vómitos y las defecaciones empiezan a inundarlo todo formando un extraño puré.
Jesús ya no puede más, quiere saber que está ocurriendo, consigue entrar en la habitación pero las tres mujeres le golpean y le obligan a limpiar todo el estropicio. Jesús, presa del pánico, accede a realizar lo que le piden. Es entonces cuando resuena en su cabeza un nombre... "Rosita".
Las tres mujeres le piden que les lleva a Rosita a esa habitación. Un sumiso Jesús, lejos de huir con su hija, accede sin rechistar y les lleva a su hija Rosita. Cierra la puerta de la habitación y se queda fuera sin aportar una nota de cordura a todo ese despropósito, entregando a su hija a aquella orgía de orina, vómitos, y excrementos. Entrega a su hija a la muerte.
Las tres mujeres desnudan a Rosita, la llevan a la cama y la cubren con la sábana. Rosita se queda dormida, pero su madre la despierta y la obliga a levantarse. Rosita obedece.
La niña se tumba en el suelo siguiendo las órdenes de su madre. Rosita tiembla, Mercedes se percata de ello y pide a Rosa que si hay que liberarla del mal deben hacerlo cuanto antes. Pero Mercedes provoca la ira de Rosa, que ahora cree que el mal está dentro del cuerpo de Mercedes. Rosa se abalanza sobre ella para golpearla, a Rosa se le una María de los Ángeles, las dos piensan que el demonio ha poseído a Mercedes y deben liberarla del mal, y solo podrán conseguirlo con su sangre, Mercedes debe sangrar para ser liberada y quedar limpia de todo mal. Al conseguirlo Rosa queda convencida de que ha conseguido liberar a Mercedes del demonio que se había introducido en su cuerpo, pero no se queda tranquila. No puede ser tan fácil. Su hija Rosita...
Rosa cree ahora que el demonio ha poseído el cuerpo de su hija Rosita, y no solo eso, a Rosa le llama la atención que Rosita, a la que recientemente le bajó su primera menstruación tenga una falta. Rosa cree que su hija Rosita está embarazada por el "Maligno", y actúa en consecuencia...
Los puñetazos y patadas caen sin respiro sobre la pequeña, Rosita grita aterrorizada. Jesús, alertado por los gritos de su hija abre la puerta, pero las tres mujeres impiden su paso hasta la pequeña y le golpean sin parar. El ausente valor de Jesús, ni siquiera acrecentado por el sufrimiento al que está sometida su hija, le tiene un lugar asignado, al otro lado de la puerta de la habitación. Jesús acierta a reunir la coherencia suficiente como para decidir salir en busca de ayuda, pero nada, ninguna de sus inútiles acciones evitaría el trágico final de Rosita, su hija de 11 años.
El periodista Luis Bonete reconstruye exactamente todo lo que ocurrió en la casa del matrimonio Fernández/Gonzálvez aquella noche:
“En la madrugada del día 18, Jesús entra en el dormitorio y sorprende a su mujer totalmente desnuda, con las hermanas Rodríguez. Las tres estaban cubiertas de excrementos y bilis. Tiempo antes, se había desarrollado otro ataque de histeria exorcista en la habitación. A golpes, obligan a Jesús a que limpie la habitación y a que despierte a Rosi, hija del matrimonio, que ya estaba acostada en su habitación. El padre conduce a la pequeña a la habitación, donde es desnudada y metida en la cama. Pero poco tiempo podrá dormir la pequeña, ya que un rato después es despertada por su madre y obligada a tumbarse en el frío suelo. Lógicamente, la niña comienza a tiritar. En ese instante, dice Mercedes: “Si vais a quitar el mal, hacedlo ya, porque la niña no se encuentra bien”. Rosa, ebria de superstición, exclamó “¡Maldita sea! El mal está dentro de ti”.
Las tres mujeres llevan arrastras a la pequeña Rosita a su habitación, la acuestan en una de las dos camas y la otra la arrastran contra la puerta de la habitación a fin de entorpecer el paso de quien ose a intentar entrar. Vuelven las oraciones, los rituales, los golpes a la niña y los insultos al diablo.
Jesús vuelve a la casa hacia las 6 de la mañana, pero en lugar de llamar a la policía o autoridades competentes para evitar ese desastre decide ir a buscar a su cuñada Ana María... se siguen oyendo los gritos de Rosita, los golpes... tratan de derribar la puerta pero es imposible. Jesús y Ana María son testigos auditivos durante horas del sufrimiento de hija y sobrina... pero en lugar de tomar cartas en el asunto y parar todo ese despropósito deciden esperar a que todo vuelva a la normalidad, ya habían sido testigos de muchos rituales, seguro que llegaría la calma...
A partir de aquí se relatan los detalles escabrosos del asesinato de una niña, recomiendo evitar la lectura a personas sensibles.
Rosa abre las piernas de su hija e introduce un dedo en la vagina de la pequeña, poco a poco ira introduciendo toda la mano. Rosa busca al hijo del demonio que se encuentra en el útero de la pequeña, rasga con sus uñas el interior de la vagina de su hija, insiste, introduce la mano más profundamente, rompe con sus uñas las paredes del útero de la niña que llora ante un sufrimiento indescriptible mientras Mercedes y María de los Ángeles la sujetan. La pequeña pide a su madre que acabe pronto con lo que sea que esté haciendo, serán sus últimos minutos de vida.
Rosa, no contenta con lo que está encontrando decide meter su segundo brazo, haciendo palanca y extrayendo el útero y los intestinos de la pequeña Rosita. Para Rosa, cada una de las vísceras que extrae de su hija es un hijo del demonio. Por suerte el shock hipovolémico producido por la enorme pérdida de sangre no tardaría en llegar, evitando así más sufrimiento a la pequeña, Rosa moría en manos de su propia madre, mientras un padre al que le faltaron cojones esperaba en el sofá.
Rosa seguía extrayendo órganos de la pequeña sin parar, pero ya cansada le pide a María de los Ángeles que siga, y sigue sacando órganos de la pequeña que quedan esparcidos por la habitación.

Rosita fallecida

Vísceras de la pequeña esparcidas por el suelo
La autopsia de la pequeña reveló que Rosita intentó defenderse en los primeros momentos, únicamente el estómago, el bazo y el hígado fueron los órganos que las tres desequilibradas no extrajeron del cuerpo de la pequeña. La tortura final duraría una media hora.
Martes 18 de septiembre de 1990
Son las 9 de la mañana aproximadamente y Jesús y Ana María logran vencer la resistencia de la puerta, la dantesca escena les deja paralizados. Jesús sale corriendo a buscar ayuda cuando ya es demasiado tarde y ha tenido horas y horas para parar toda aquella locura. Ana María se queda sola, estupefacta viendo ese horror, las tres mujeres se la quedan mirando y deciden que si le sacan los ojos a Ana María, la pequeña Rosita volverá a la vida. Las tres se abalanzan sobre el cuerpo de Ana María y empiezan a golpearla a la vez que intentan arrancarle los ojos. Ana María consiguió huir aún a pesar de las graves secuelas que sufriría en los ojos.
Cuando Rosa, Mercedes y María de los Ángeles se quedan solas empiezan a ser conscientes de la locura que han hecho con sus propias manos. Cada una de ellas reacciona de una manera diferente. Mercedes se quedaría en la escena del crimen y sería detenida en esa estancia de horror. Rosa y María de los Ángeles huyeron de la escena del crimen pero tomando caminos diferentes. Rosa trataría de refugiarse en un bar, pero María de los Ángeles se abalanzó sobre el primer coche en marcha que se encontró en su camino, obligó al conductor a salir del coche y emprendió la huida en el coche, pero no tardaría en ser detenida al igual que Rosa, que sería detenida poco después.

Rosa Gonzálvez Fito, la madre de Rosita, detenida aún con la ropa llena de sangre

Jesús, el padre de Rosita

Ana María hospitalizada por los graves daños sufridos en sus ojos
El juicio
El juicio por el Crimen de Almansa dio comienzo a las 10 de la mañana del día 22 de enero de 1992.
María de los Ángeles, sentada en el banquillo de los acusados, mira a su marido, llora y le pide perdón desde la distancia. Martín la observa, y sabe que de no haber arrancado a sus hijos de las manos de su mujer y de las otras dos perturbadas podrían haber sido sus hijos los sometidos a aquel terrorífico exorcismo. No puede perdonarla.
Jesús y Ana María fueron procesados por omisión del deber de socorro, pero se dictaría un auto de sobreseimiento que les dejaría libres de todo cargo.

María de los Ángeles, Rosa y Mercedes en los juzgados
En febrero de 2022 el juez tomó la decisión de absolver a Mercedes “por no haber participado activamente en los hechos”, e internar a Rosa y a María de los Ángeles en un centro psiquiátrico, liberadas de la acusación de asesinato por la eximente de trastorno mental transitorio. En los oídos de los asistentes al juicio quedó grabada la sentencia del juez, que terminó diciendo:
“Por un lado deseo que el internamiento sirva para que Rosa se recupere, pero por otro lado deseo que nunca lo haga, para que así no se de cuenta de lo que ha hecho”.
Posteriormente la madre afirmó que en ningún momento pretendieron asesinar a la niña, y que una vez extirpadas las vísceras podrían ser colocadas de nuevo y así devolver a Rosa a la vida. Cuanta locura, cuanta ignorancia.
La prensa de la época tildó el crimen de satanista a pesar de haberse hecho en "nombre de Dios", igual que tantas guerras, igual que tantas estúpidas decisiones. Eran los 90, una época en la que para caracterizar a un maleante en tv tenías que ponerle pelo largo, una camiseta de Iron Maiden y una litrona en la mano. Aún así los tiempos no cambian y muy posiblemente en nuestros días los titulares no hubiesen sido muy diferentes, diferentes si que hubiesen sido las sentencias si los asesinos hubiesen sido el padre, el amante del padre y el hermano del amante del padre, y todos hubiesen actuado también bajo los efectos del beleño.
Fue imposible vender la casa en la que se produjeron los hechos, por ello en el mapa que se adjunta con este artículo la casa no coincide con la de las fotografías de la época.