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GAL Arranca el juicio por el crimen de Cortegada, la acusada mató y descuartizó a su amante

Madame Noir

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Arranca el juicio por el crimen de Cortegada con la confesión de la acusada de matar y descuartizar a su amante: «Le di pastillas y lo asfixié con una almohada»

Cristina Rodríguez, en el juicio en la Audiencia Provincial de Ourense

Cristina Rodríguez, en el juicio en la Audiencia Provincial de Ourense

El exmarido de la sospechosa asegura que era maniática y que «decía que oía voces». La Fiscalía de Ourense reclama una condena de 18 años de cárcel por un delito de asesinato

21/10/2024 15:49

El juicio por el crimen de Cortegada arrancó este lunes en la Audiencia Provincial de Ourense y todo apunta a que será breve. Al jurado no le costará decidir sobre la inocencia o culpabilidad de la acusada del asesinato de su amante porque ella misma, nada más arrancar la vista, lo admitió. En una declaración plagada de monosílabos y pobre en detalles, Cristina Rodríguez Veloso confesó que a finales de agosto del 2021 acabó con la vida del hombre al que semanas antes había conocido en un chat de citas y que había decidido ir a su casa a conocerla.

En un interrogatorio que no dio pie a entrar en pormenores sobre lo que pasó antes del crimen, la sospechosa dijo que había discutido con la víctima, que quería que se marchara de su casa y, al no conseguir su propósito, decidió acabar con su vida. «Le di pastillas y lo asfixié», aseguró, reconociendo que para conseguir su objetivo utilizó una almohada. Aparentemente tranquila, fue contestando luego a las preguntas de la fiscala, que casi como si fuera un cuestionario la interrogó sobre como se deshizo del cadáver. Quedó claro que plantó dos hogueras y lo quemó, usando gasolina como acelerante. Luego troceó lo que quedaba con una pala y metió algunos restos en bolsas, mientras que otros los sepultó bajo tierra, en su propio jardín. «Enterré un pie entero», contó sobre un macabro crimen del que nada se supo hasta cuatro meses después.

Y es que el 21 de diciembre Cristina Rodríguez acudió a su médico de cabecera en Cortegada y le contó que tiempo atrás un hombre había muerto en su casa, decidiendo ella quemarlo y enterrarlo. Así fue como se supo qué había sido de José María Roldán Zapata, un viudo de 53 años que el 20 de agosto había viajado desde Barcelona hasta Cortegada. Su madre denunció su desaparición unos días después y durante meses se hicieron rastreos para localizarlo en las inmediaciones de la casa de Cristina, que guardó silencio sobre lo que había hecho hasta que no pudo soportar la presión.

Así lo sugirió en el juicio uno de los agentes de la Guardia Civil que investigó el caso. Cuando los llamaron los Mossos d'Esquadra para contarles la desaparición de José María, vecino de Castelldefels, hicieron un rastreo de su móvil y descubrieron que su señal se perdía en O Rabiño, la aldea de Cortegada en la que residía entonces Cristina. Fueron a hablar con ella, pero se limitó a reconocer que el hombre había estado unos días con ella y que luego había decidido marcharse. El 1 de diciembre le tomaron declaración e insistió en esa versión, hasta que unas semanas después se derrumbó. «Creemos que se sentía mal, que estaba un poco presionada», dijo el investigador.


Un pie bajo un olivo

Fue el médico de cabecera, que no fue citado para declarar en la vista, quien los alertó sobre lo que la acusada acaba de contarle en la consulta. «Nosotros ya sabíamos que Cristina era la última persona que lo había visto con vida», afirmó otro de los uniformados, destacando la colaboración que mantuvo la acusada con ellos casi desde el primer momento. Y es que la misma tarde de la detención la llevaron a un registro en su vivienda, confesando enseguida el lugar en el que se encontraban algunos restos de José María. «Debajo del olivo hay un pie», les dijo. Efectivamente, el miembro estaba bajo tierra, no demasiado profundo. «Enseguida avisamos al forense», dijo el agente. Al día siguiente, durante el traslado en coche para un nuevo registro, la mujer pidió a los agentes hablar con la magistrada. «Os he mentido, quiero contarle todo a la jueza», les dijo.

Y así fue como aquella misma mañana, y ante la magistrada del Juzgado de Instrucción de Ribadavia, confesó por primera vez el crimen. Ella misma fue explicando posteriormente donde había ido dejando los restos de la víctima. La casa era un escenario de los horrores, con jardineras que ocultaban restos de cráneo entre las plantas y arbustos que, al ser desbrozados, dejaron a la vista vísceras y restos dentales. También se localizaron los dos puntos en los que se hicieron las hogueras. El primero estaba cerca de la casa de una vecina, que al ver las llamas le llamó la atención a Cristina. Tuvo que apagarlo, haciendo luego otra fogata en la parte más alejada de su terreno para seguir calcinando el cuerpo, que luego despiezó a golpes, con la pala. Sepultó algunos restos, y otros los metió en bolsas y los tiró al monte. Se han juzgado muchos crímenes a lo largo de los años en la sala de vistas de la Audiencia Provincial de Ourense, pero pocas veces uno cometido de una forma tan terrible..


La hoguera alcanzó los 600 grados

Los forenses explicaron que el minucioso rastreo realizado en la vivienda de O Rabiño y el hallazgo de las bolsas les permitió recuperar «gran parte del cadáver», destacando Fernando Serrulla que los restos se fragmentaron «de forma muy exhaustiva» tras ser calcinados en una hoguera que alcanzó los 600 grados de temperatura. Y aunque por sí mismos no evidenciaron una muerte homicida, el experto fue claro al señalar que el contexto en el que se produjo la muerte apunta, sin duda, en esa dirección. Tampoco se pudo aclarar la fecha concreta de la muerte. «Las moscas nos suelen dar esa información, pero en este caso también se habían quemado», afirmo.

Los resultados de los laboratorios confirmaron que los hallazgos pertenecían a José María Roldán y que en ellos se hallaron dos fármacos, uno hipnótico y otro ansiolítico. Cristina dijo que se los suministró en una bebida para lograr que se durmiera, antes de asfixiarlo hasta la muerte.


Su exmarido dice que la acusada «oía voces»

Y dado que Cristina admite la muerte y ella misma señaló dónde estaban los restos de su víctima, la clave del caso estará en su estado mental y las posibles atenuantes que se le puedan aplicar. Dos psicólogas aseguraron que sufre un trastorno de la personalidad grave y tiene una capacidad intelectual límite, si bien dejaron claro que no tiene alteraciones en su inteligencia y que «comprende que no se puede matar». No creen que actuara movida por una enfermedad mental. «Si hubiese hecho un esfuerzo de sopesar la situación, hubiese actuado de otra manera», dijeron.

Sobre la personalidad de Cristina también había hablado su exmarido. La describió como una mujer maniática. «Tenía obsesión con la limpieza, un litro de jabón no le llegaba para un baño», afirmó, asegurando que su entonces compañera llegó a decirle que «oía voces cuando se duchaba». Él no le dio importancia, pero sí dejó constancia en su declaración de los comportamientos extraños que tenía a veces Cristina: «Quemaba cosas incontroladamente y cuando acunaba a la niña, saltaba y hacía movimientos repetitivos, decía que eso le relajaba», contó.


La víctima invisible

Y así finalizó la primera sesión del juicio en el que apenas se habló de la víctima y sus circunstancias. Trascendió en su día que José María era un viudo de 53 años que tenía una discapacidad por sus problemas de audición. En el juicio un agente de la Guardia Civil relató que tenía también problemas de movilidad, que nunca se había sacado el carné de conducir y no sabía nadar, por lo que todo indica que se trataba de una víctima especialmente vulnerable que decidió buscar amistad en la web de contactos Jaumo. Fue así como conoció a Cristina. Dejó una hija, pero ni ella ni la madre de José María comparecieron en el juicio para declarar y contar su versión de la tragedia.

De momento la Fiscalía reclama una condena de 18 años de prisión por un delito de asesinato y una indemnización de 135.000 euros. Este martes se presentarán las conclusiones tanto del ministerio público como de la defensa y se entregará al jurado el objeto del veredicto.

 
El jurado declara culpable a la mujer que confesó haber descuartizado a su amante en Cortegada

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La acusada del crimen de su amante en Cortegada, Cristina Rodríguez Veloso, tras escuchar en la Audiencia de Ourense el veredicto del jurado que la declaró culpable

La fiscala: «Sus circunstancias y su salud obligan a modular la pena». La acusación pública, que pedía inicialmente 18 años de reclusión, los reduce en el juicio, celebrado en Ourense, a ocho

22/10/2024 18:13

El Tribunal del Jurado ha encontrado, por unanimidad, culpable de asesinato a la acusada de haber matado y descuartizado al hombre al que había invitado a pasar unos días en su casa de Cortegada, después de haberlo conocido en una red social de contactos. La portavoz del jurado ha leído este martes por la tarde el pronunciamiento sobre los diez puntos del veredicto sometidos a consideración.

La confesión de Cristina Rodríguez Veloso, la acusada; la declaración de un testigo que los vio en una cafetería; las conversaciones por WhatsApp entre ambos; y la denuncia de desaparición de José María Roldán Zapata interpuesta en Cataluña fueron las pruebas que los jurados tuvieron en cuenta para dar por probado el primer hecho desfavorable. También consideraron probado por unanimidad el segundo hecho: que tras convivir tres días en la casa de Cristina, durante los cuales mantuvieron varias discusiones, entre el 23 y el 24 de agosto del 2021 ella le suministró de forma premeditada medicamentos hipnóticos y antidepresivos, con los que adormeció a la víctima hasta dejarlo inconsciente. «Movida por el ánimo de terminar con la vida de este», utilizó un almohadón y lo asfixió. De nuevo la confesión de la acusada fue la prueba principal que los jurados tuvieron en cuenta para dar este extremo por acreditado.

El tercer punto se refería a lo que hizo con el cuerpo. El tribunal popular estimó probado que ella trasladó el cadáver al jardín de su casa y allí realizó varias hogueras. En una de ellas introdujo el cuerpo de José María y aceleró el fuego con gasolina. Consiguió fragmentar el cadáver y reducirlo prácticamente a cenizas, salvo los restos óseos y el pie izquierdo, que enterró en un lateral de la vivienda. La declaración de los guardias civiles a los que la sospechosa indicó donde estaban los restos fue la evidencia en la que el jurado sustentó su declaración de este hecho como probado.

El cuarto aspecto tenía que ver con el estado psicológico y la personalidad de la acusada, que la fiscalía aceptó como eximente incompleta para reducir la pena inicialmente pedida. El Tribunal del Jurado tenía que pronunciarse sobre si la acusada sufría un trastorno de ansiedad generalizado, un trastorno obsesivo compulsivo y un trastorno de la personalidad -entre esquizofrénico y límite- y sobre si carecía en parte de la voluntad para no matar a su víctima. Los trastornos psíquicos y de personalidad afectaban solo a ese delito no al posterior de manipulación y desaparición del cadáver. El tribunal también debía posicionarse en este punto sobre si la acusada entendía lo que había hecho y que se trataba de un delito. Los jurados dieron por probado todo ello en base a las manifestaciones de los forenses en la vista oral.

En cuanto a la responsabilidad civil, el jurado validó que la acusada había consignado judicialmente 10.000 euros en favor de la familia de la víctima. No obstante, se mantienen los 135.000 euros de indemnización que se habían pedido para la hija y la madre del fallecido, con los que este residía en Cataluña, según certificaron los Mossos d'Escuadra.

También se considera probado, como hecho que favorece a la acusada, que ella confesó voluntariamente y colaboró con las autoridades en la investigación y en la identificación de los lugares en los que enterró el cuerpo de la víctima.

En base a estos pronunciamientos, el Tribunal del Jurado acordó declarar, por unanimidad, culpable del delito de asesinato a la acusada. Consideran que no se le debe conceder el beneficio de la suspensión de la ejecución de la pena ni que tampoco el Gobierno debería concederle el indulto.

Tras la lectura del veredicto, el magistrado presidente pidió a la fiscalía y defensa que manifestasen si querían hacer alguna modificación en sus conclusiones sobre la pena solicitada, pero ambas partes se mantuvieron en las posiciones que habían comunicado. Tras ello, el juez declaró el caso visto para sentencia.


Las conclusiones de la fiscalía

De dieciocho a ocho. Es la rebaja en la petición de pena de privación de libertad que ha anunciado este martes la fiscala que ejerce la acusación en el caso del crimen de Cortegada que se juzga en la Audiencia Provincial de Ourense con un jurado popular. A pesar de que la mujer reconoció que mató, quemó y descuartizó a un amante al que había conocido semanas antes en un chat de citas, la representante del ministerio público cree que en este crimen concurren circunstancias que, a la postre, beneficiarán a la acusada.

Una de ellas es, precisamente, la confesión. A pesar de que Cristina Rodríguez Veloso mantuvo oculto el crimen durante cuatro meses, que colaborara con los agentes de la Guardia Civil tras su arresto, explicando dónde había sepultado los restos de la víctima y admitiendo los hechos ante la magistrada del Juzgado de Instrucción de Ribadavia, serán suficientes para que se le aplique ahora la circunstancia atenuante de confesión. Eso por un lado. A mayores, se tendrá también en cuenta que, antes del juicio, ingresó 10.000 euros en concepto de responsabilidad civil. Ese dinero será el resarcimiento al que podrán aspirar tanto la madre como la hija de José María Roldán Zapata, ya que en la vista ya quedó claro que la asesina no puede trabajar porque tiene reconocida una discapacidad y no dispone de medios económicos para sufragar los 135.000 euros que se pedían inicialmente como indemnización. «No es mucho, pero supone un esfuerzo dadas sus circunstancias», apuntó la fiscala, que ve encaje, por lo tanto, para aplicar la atenuante de reparación del daño.

Y la tercera circunstancia que supondrá que la asesina no esté privada de libertad más allá del 2029, ya que se descontarán los casi tres años que lleva en prisión preventiva, tiene que ver con su estado mental, que obliga a tener en cuenta la eximente incompleta de alteración psíquica. Dos forenses declararon que padece varios trastornos que condicionan su forma de ser. «Es una persona que tiene su voluntad afectada, ante un conflicto no se puede esperar que actúe de forma normal», sostuvo la representante del ministerio público en su alegato final, abriendo la puerta a que parte de la pena de prisión pueda cumplirse en un centro psiquiátrico penitenciario en el que «pueda recibir un tratamiento ajustado».


Actuó con alevosía

Antes de concluir, recordó al jurado que la acusada actuó con alevosía, ya que suministró a la víctima una bebida con dos fármacos, uno de ellos hipnótico. «Anuló cualquier posibilidad de defensa por su parte y luego lo asfixió con una almohada», recordó. «Matar a una persona de forma deliberada debe castigarse, pero sus circunstancias y su salud obligan a modular la pena», afirmó ante el jurado.

El abogado de Cristina, que puso sobre la mesa lo poco habitual que resulta en una sala de vistas que fiscal y defensa coincidan en sus posiciones, trató de encajar el macabro crimen cometido por su clienta en algo casi predecible en una mujer con problemas mentales que, en su infancia, fue víctima de abusos sexuales. «Eso está ahí», advirtió, mencionando también que su clienta tuvo una hija a los 20 años con un hombre que tenía 60. «Es una bomba de relojería; pasó lo que tenía que pasar», aseguró recordando que el asesinato se produjo después de que Cristina le pidiera al hombre que había ido a conocerla a su casa que se marchara. «Le hizo un bizum porque él no tenía dinero para el billete, pero él lo rechazó, se negó a marcharse», argumentó, asegurando que esa situación llevó a la acusada a obcecarse y responder de la peor forma, ya que «no tenía otras herramientas ni tampoco una familia a la que recurrir».

 
Me pregunto si todos esos atenuantes se habrían tenido en consideración si el asesino hubiese sido un hombre.

Matar, descuartizar, incinerar = 8 años de prisión de los que saldrá antes de 2029 👏👏👏
 
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