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El enigma del cadáver sin dos órganos

JacktheRipper

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La tercera autopsia del vasco sin corazón: ya estaba muerto cuando cayó al fiordo de Estocolmo

El cuerpo sin vida de Miguel Ángel Martínez Santamaría fue hallado en Estocolmo. Álbum familiar
El cuerpo sin vida de Miguel Ángel Martínez Santamaría fue hallado en Estocolmo. Álbum familiar

04/06/2024 15:12

Tras el estreno en DMAX del documental 'El hombre sin corazón', el periodista que escribió en exclusiva la primera historia, publicada en 'Crónica', cuenta cómo han recorrido Escandinavia y el Reino Unido para esclarecer el misterio.

A las 10:04 de la mañana, hora local de Londres, del 20 de julio de 2021, se escuchó tras la verja del cementerio de Walthamstow el suave ronroneo diésel de la Mercedes Vito gris metalizada que había enviado la empresa funeraria Cribb & Sons para trasladar desde una cámara frigorífica lo que quiera que quedase de Miguel Ángel Martínez Santamaría (Erandio, 1960), hallado muerto 16 años atrás en los aledaños de Estocolmo.

Su cuerpo había sido exhumado algunos días antes de la parcela que ocupaba en el cementerio de Gunnersbury para ser sometido a un nuevo examen forense en unas dependencias alquiladas en Queens Road (nombre popular del citado Walthamstow) por Cuarzo. Esta productora española de televisión se había embarcado en la aventura de contar la historia del de Erandio a instancias de DMAX y financió una tercera autopsia para arrojar más luz sobre una muerte oscurecida por las brumas del misterio.

La furgoneta retrocedió lentamente sobre el empedrado hasta la puerta del mortuorio (el depósito de cadáveres del distrito). Al trajeado conductor de Cribb & Sons le aguardaban en el umbral de la morgue los empleados del camposanto y un veterano forense de Valladolid, Aitor Curiel López de Arcaute, al que seguían como su sombra un camarógrafo, David de Frutos, su asistente Borja Valldecabres y el reportero que firma esta crónica*.


¿Qué ocurrió?

Pero vayamos por partes. Haremos aquí un alto para explicar el escenario precedente que ayuda a entender lo que ocurrió ese día: Miguel Ángel Martínez abandonó en tren el País Vasco en abril de 2005 con más de 10.000 euros en su cuenta y el propósito de viajar por toda Europa. Su familia ya no volvió a saber de él hasta el 29 de septiembre de ese mismo año, fecha en la que recibió una llamada de una comisaría de Bilbao mediante la que se le comunicaba que Miguel había aparecido flotando muerto en avanzado estado de putrefacción junto a la orilla del fiordo de Lidingö, un barrio residencial de la capital de Suecia.

La policía sueca atribuyó la muerte a un suicidio y, un año y medio después, remitió una autopsia definitiva donde enunciaban la versión que, con variantes, vienen manteniendo las autoridades escandinavas desde entonces. Según ellos, Miguel Ángel podría haberse arrojado desde uno de los buques que efectuaban el trayecto entre Helsinki y Estocolmo semanas antes del día (22 de septiembre de 2005) en que hallaron su cadáver. Con arreglo al examen post mortem firmado por la sueca Petra Rästen-Almqvist, el vasco murió por ahogamiento, presentaba signos de encharcamiento pulmonar y llevaba ya mucho tiempo en el agua cuando sus restos se encontraron.

Ésa hubiera sido, de hecho, la versión dada por buena entre los allegados del difunto de no haber concurrido una circunstancia fortuita. Miguel Ángel manifestó su voluntad de ser sepultado junto a una antigua novia en la capital británica. Atendiendo su deseo, su cadáver fue trasladado el 4 de noviembre de 2005 al aeropuerto de Heathrow, en Londres. Los británicos se negaron a autorizar su inhumación aduciendo que los suecos no habían remitido la documentación precisa y efectuaron una segunda autopsia 13 días más tarde. Fue cuando se abrió la caja forense de Pandora.

Las conclusiones de Peter Witkins no dejaron lugar a dudas. El cadáver enviado por los suecos carecía de corazón y de la mitad del hígado. Literalmente, el documento señalaba: «Ambos pulmones han sido diseccionados y no presentan cambios patológicos específicos diferentes a los de la descomposición (...). Fueron identificados 600 gramos de un hígado parcialmente seccionado. (...) El corazón no fue identificado». Confrontada con esta nueva autopsia, la forense Rästen-Almqvist, se limitó a insistir en que «el cuerpo partió hacia Londres con el corazón. Este pesaba 261 gramos y tenía la forma y el tamaño habituales». ¡¿Cómo?!


Las irregularidades

Ha habido aquí al menos dos historias: la del vasco cuyo cadáver apareció flotando en un fiordo de Estocolmo y, en parejo, la de la lucha de la hermana coraje para que se esclarezca qué ocurrió. A lo largo de los años, Blanca Martínez Santamaría ha ido reuniendo una pila de pruebas incontrovertibles que demuestran que las autoridades suecas cocinaron una perfecta tormenta de irregularidades. Han tratado de ocultar embustes con más embustes y, llegado el caso, han parapetado sus mentiras tras un muro de desdén y de desprecio hacia la víctima. Fue tal la magnitud de la chapuza, que la familia ni siquiera estaba segura de la verdadera identidad del muerto al que se dio sepultura en Gunnersbury.

"Ambos pulmones han sido diseccionados y no presentan cambios patológicos específicos diferentes a los de la descomposición. Fueron identificados 600 gramos de un hígado parcialmente seccionado. El corazón no fue identificado."
Informe de la autopsia realizada por los británicos.

Y es en este punto cuando volvemos nuevamente a aquel verano londinense marcado por la postpandemia. Aquel día templado de 2021 en que Aitor Curiel López de Arcaute estaba a punto de examinar el cuerpo por tercera vez, Blanca también estaba en Queens Road, sólo que aguardando fuera con el resto del equipo de la productora Cuarzo. Había llegado el momento de averiguar cuál de los dos forenses estaba en lo cierto.

«Creo que es la primera vez que me ha dado un ataque de ansiedad», recuerda Blanca. «Sentía tristeza, por un lado, pero al mismo tiempo ira porque mi madre se había ido de este mundo sin saber si la persona que habíamos enterrado en Londres era mi hermano realmente. Me dolía que mi padre hubiera tenido que enfrentarse a situaciones tan injustas. Me dolía el maltrato que le habían dado a mi hermano y a su memoria. Habían destrozado completamente una familia. Pero no pensaba en mí, sino en que tenía que aguantar para saber qué había pasado realmente. Por supuesto, me sentí aliviada cuando confirmaron que el muerto era mi hermano».

Una autopsia indicaba que se suicidó, otra descartaba el ahogamiento
Una autopsia indicaba que se suicidó, otra descartaba el ahogamiento

El examen visual y anatómico que se hizo en el salón de autopsias ya permitía aventurar a tenor del parecido que el cadáver le pertenecía. Algunos días después, las pruebas de ADN efectuadas por el laboratorio granadino de identificación genética de José Llorente corroboraron de forma fehaciente que el muerto sí era Miguel Ángel.

Pero aún quedaba todo el resto. Existían dos autopsias en disputa: la de los suecos que hallaron el cadáver y se ventilaron lo ocurrido como un supuesto suicidio y la del profesional británico que no sólo descartaba el ahogamiento sino que detectó la ausencia del corazón y de parte de otros órganos.

Lo primero que descubrió Arcaute cuestionó ya frontalmente el dictamen de Petra Rästen. «El cadáver no presentaba signos típicos como las manos de lavandera de haber pasado mucho tiempo en el agua», señala el forense vallisoletano, miembro de la Sociedad Española de Criminología y antiguo profesor externo de la Academia de Quántico del FBI.

«Sabíamos por Blanca que tenía mucho vello corporal y comprobamos que no se había producido ningún desprendimiento de ese vello de la epidermis. Tampoco encontramos signos de asfixia por sumersión como encharcamiento pulmonar o líquido en el estómago. Es verdad que en algunos casos, un pasmo de laringe puede impedir la entrada del agua, pero son episodios muy excepcionales». Dicho de otro modo, es improbable que Miguel Ángel falleciera ahogado.

Las autopsias precedentes señalaban la presencia de hematomas. Arcaute también halló traumatismos, pero nada, a su juicio, que explicara su muerte. «Ninguna de esas pequeñas hemorragias internas justificaba la causa del fallecimiento. En función de lo que vimos, no podíamos atribuir su muerte a un politraumatismo, una paliza o algo similar porque no hallamos fracturas a ningún nivel».

Era también prioritario corroborar si el cuerpo había partido desde Suecia a Londres con o sin el corazón y el examen del forense dio de nuevo la razón a su colega inglés. «No encontramos ningún resto que fuera compatible con ese órgano, claro que la única incisión que presentaba era la de la autopsia judicial. En el cadáver no se apreciaban las clásicas marcas quirúrgicas que se practican cuando se extrae un órgano para trasplantes, que deben ser mucho más rápidas para asegurar la viabilidad del órgano».

Dientes extraídos a Miguel Ángel en una autopsia
Dientes extraídos a Miguel Ángel en una autopsia

¿Descartaba eso un trasplante ilegal? Taxativamente, el forense cree que sí. «Mi opinión no está suficientemente fundamentada pero no parece descabellado pensar que fuera extraído para un estudio anatomopatológico un poco más detallado y quizás después no volvieran a introducirlo. En muchos países es habitual que se retire para remitirlo a laboratorios de referencia. España, sin ir más lejos, es uno de ellos. Lo sorprendente aquí es que la propia forense niegue esa posibilidad. Tal vez hubo un error de protocolo o del personal asistente que debería haberlo reintroducido y que no lo hizo».

Miguel Ángel no había muerto ahogado ni había permanecido largo tiempo en el agua y, sin embargo, sus restos sí presentaban signos claros de putrefacción, lo que abría una ventana enorme a la posibilidad de que ya estuviera sin vida cuando cayó al fiordo. «Sabemos que el cuerpo fue autopsiado casi inmediatamente después de ser hallado», nos aclara el forense vallisoletano. «Si ese cadáver no estuvo todo el tiempo en el agua, entonces, ¿dónde estuvo antes de ser arrojado al fiordo? ¿Lo tiraron ya muerto? ¿Permaneció mucho tiempo en una isleta o en la orilla? Eso lo debe aclarar la investigación policial. Es difícil que puedan ir mucho más lejos debido al tiempo transcurrido pero creo que Blanca y su familia se merecen que lo intenten».


Suicidio: Descartado

¿Y en qué punto nos deja todo eso? «El suicidio es la menos factible de las posibles causas de su muerte», sostiene el experto. «No puede desestimarse una muerte violenta. Es posible que alguien le matara y le tirara al fiordo. Y también podría haber sido una muerte accidental... Me inclino por la posibilidad de que muriera en custodia (policial). No es nada infrecuente que una persona que se resiste a la autoridad y que está muy agitado y en un estado de ansiedad fallezca por alguna etiología cardíaca».

«Yo ya sabía que mi hermano no se había suicidado», afirma Blanca. «Sabía también que no se había muerto ahogado y que los suecos nos habían mentido. Claro, que Curiel dijera que llevaba tiempo muerto me daba un poco la razón y descartaba que se hubiera lanzado de un ferry. Pero nadie me ha explicado aún por qué faltaban esos órganos. Si Petra los hubiera enviado a un organismo externo para analizar me lo hubieran hecho saber porque en Suecia guardan esas muestras durante 15 años. Pero la forense dijo que no tiraron el corazón. No estoy tratando de decir que hubiera tráfico de órganos. Lo que pregunto es que dónde está ese corazón... Necesito que alguien me lo aclare».

«Tengo completamente claro que a mi hermano lo mataron y que hubo una dejadez absoluta porque lo tomaron por un ciudadano de tercera», continúa Blanca. «Por supuesto que siento que mi vida se ha visto menoscabada. Y no sólo mi vida, sino la de la familia que yo he creado».

En septiembre de 2022, Blanca Martínez Santamaría presentó dos denuncias contra las autoridades de España y Suecia por omisión del deber de perseguir e investigar delitos y por maltrato psicológico a su familia. Ambas han sido retenidas o postergadas con ardides judiciales y administrativos durante dos años. Su lucha continúa.

(*) El autor de este reportaje y de la información original que Crónica publicó en 2015 formaba parte también como host del equipo de DMAX y estuvo presente junto al forense durante la tercera autopsia en Londres.

 
¡Vaya historia! Es increíble cómo algo tan sombrío puede estar lleno de intrigas y preguntas sin resolver después de tantos años. La persistencia de su hermana Blanca me parece admirable; ha dedicado años para llegar a la verdad, enfrentando el desprecio y las irregularidades de varias autoridades. La idea de que el corazón y otros órganos estén perdidos, o que los suecos hayan sido tan desorganizados, da escalofríos. Es como si nadie se tomara en serio el derecho de esta familia a saber qué pasó en realidad.

Y es impactante cómo el forense británico y el español cuestionan el primer dictamen sueco. Eso de que el cuerpo no mostrara signos típicos de haber estado en el agua tanto tiempo y que no pareciera un suicidio de verdad pone a cualquiera a dudar. ¿Y si realmente no fue un accidente ni un suicidio? Me hace pensar que algo más oscuro podría haber sucedido. Blanca parece tener razones para desconfiar, y francamente, después de tantos errores y contradicciones, ¿cómo no hacerlo?

Es increíble también cómo esta familia ha tenido que pelear no solo contra el dolor de perder a alguien, sino contra el olvido y la negligencia de quienes deberían ayudarles. Al final, esta historia es una mezcla de injusticia, misterio y el puro amor de una hermana que solo quiere respuestas para cerrar ese capítulo tan trágico.
 
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