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Un asesino llamado Bernardo Montoya

El asesino Bernardo Montoya y el lugar donde asesinó a Laura Luelmo
02/09/2024 09:55
El 12 de diciembre se cumplen seis años del asesinato de Laura Luelmo, una profesora zamorana cuyo secuestro y homicidio conmocionaron a toda España en 2018.
Laura, de 26 años, apenas había comenzado a residir en el municipio onubense de El Campillo, donde se mudó para cubrir una baja en un instituto de Nerva, cuando su vida fue trágicamente truncada por Bernardo Montoya, un hombre sin escrúpulos que acabó con sus sueños y aspiraciones. Era una mujer admirada por todos los que la conocían, quienes la describían como una "persona bellísima".
El delincuente, que había agredido sexualmente y asesinado a Laura poco después de salir de prisión por otro crimen cometido en 1995, fue condenado a prisión permanente revisable por un jurado popular.
Actualmente, se encuentra recluido en la prisión de Teixeiro, en A Coruña. La familia de Laura, que aún agradece el apoyo recibido en los momentos más difíciles, recuerda con cariño cada día la figura de la joven, así como su herencia artístico (lauraluelmo.com).
Laura, además de ser docente, era una apasionada de la pintura, la fotografía y el diseño, entre otras disciplinas. En reconocimiento a su talento y la huella que dejó, muchas personas en España le rinden homenaje en esta fecha tan significativa.
Una profesora entusiasta
Laura Luelmo Hernández, originaria de Zamora y formada en ciudades como Madrid y México, había conseguido un puesto como profesora de Educación Secundaria y Bachillerato en el Instituto Vázquez Díaz de Nerva a principios de diciembre de 2018. Una compañera le ofreció alojamiento en una casa cercana al centro educativo en El Campillo, propuesta que Laura aceptó con entusiasmo.
Durante los primeros días, Laura conoció a algunos vecinos, pero uno de ellos, Bernardo Montoya, le llamó la atención por la forma en que la observaba, algo que incluso comentó a su novio. Montoya, un ex convicto con un negro historial, había pasado desapercibido en la localidad. Aunque la proximidad de sus casas la inquietaba, Laura no conocía su pasado y continuó con su vida, mostrando valentía.
Un asesino llamado Bernardo Montoya
Sin embargo, el 12 de diciembre, su estancia en El Campillo se convirtió en una pesadilla. Laura, que llevaba solo cuatro días en el pueblo, salió a hacer ejercicio y a realizar algunas compras en un supermercado local alrededor de las 17:00 horas. Las cámaras de seguridad captaron sus últimos momentos de vida mientras salía del establecimiento, seguida por Montoya, quien la atacó poco después.
Bernardo Montoya la asaltó y la llevó a la fuerza a su casa. Durante los siguientes 75 minutos, Laura fue sometida a un horror indescriptible, siendo agredida sexualmente, maniatada y golpeada brutalmente en sus intentos de escapar.
El agresor la golpeó con una piedra hasta dejarla sin vida y abandonó su cuerpo en una cuneta a unos cinco kilómetros de su casa alquilada.
El cuerpo de Laura fue encontrado cinco días después, el 17 de diciembre, cubierto por ramas y con evidentes signos de violencia, un descubrimiento que conmocionó a todo el país.
Los investigadores identificaron desde el principio que se trataba de una "muerte criminal" y centraron sus sospechas en Bernardo Montoya, quien inicialmente negó conocer a Laura. Sin embargo, las pruebas recopiladas, incluidas las manchas de sangre en su casa y restos biológicos en el cuerpo de Laura, lo incriminaron. Montoya terminó confesando el crimen tras varios cambios en su versión de los hechos.
Un jurado popular lo declaró culpable por unanimidad, y la Audiencia de Huelva lo condenó a prisión permanente revisable por agresión sexual y asesinato, además de 17 años y medio de cárcel por detención ilegal en concurso con el delito de agresión sexual, con la agravante de género. También se le ordenó indemnizar a la familia de Laura con 400,000 euros. La pérdida de Laura Luelmo sigue presente en la memoria de muchos, y su recuerdo permanece vivo en quienes la conocieron.
Otro asesinato
Años antes, había sido condenado por el asesinato de una anciana de 82 años en Cortegana, otro municipio onubense. Cecilia, como era conocida la víctima, era una mujer apreciada por sus vecinos, quienes la describían como una persona bondadosa y trabajadora. Sin embargo, su vida se truncó de manera brutal a manos de Montoya.
Según el testimonio de Emilio Díaz, un guardia civil retirado que investigó el caso de Cecilia, la anciana había interpuesto una denuncia contra Montoya debido a un intento de robo. A pesar de las advertencias de sus vecinos, Cecilia se negó a retirar la denuncia, lo que desencadenó la ira de Montoya. El cuerpo de Cecilia presentaba múltiples puñaladas, evidenciando la brutalidad del crimen y la premeditación del asesino.
Un patrón de violencia y obsesión
Tanto el asesinato de Cecilia como el de Laura Luelmo revelan un patrón de violencia y obsesión por parte de Montoya. En ambos casos, las víctimas eran mujeres vulnerables y el móvil del crimen parecía ser el odio y la necesidad de ejercer control sobre ellas.
El caso de Laura Luelmo y el asesino en libertad Bernardo Montoya ha generado un profundo impacto en la sociedad española. Ha puesto de manifiesto la importancia de la investigación policial y la necesidad de contar con protocolos eficaces para la búsqueda de personas desaparecidas así como una mayor severidad en las condenas. Igualmente ha reabierto el debate sobre la violencia machista y la necesidad de prevenir y erradicar este tipo de crímenes, algo que, por desgracia, sigue ocurriendo en nuestra sociedad.
www.huelvahoy.com

El asesino Bernardo Montoya y el lugar donde asesinó a Laura Luelmo
02/09/2024 09:55
El 12 de diciembre se cumplen seis años del asesinato de Laura Luelmo, una profesora zamorana cuyo secuestro y homicidio conmocionaron a toda España en 2018.
Laura, de 26 años, apenas había comenzado a residir en el municipio onubense de El Campillo, donde se mudó para cubrir una baja en un instituto de Nerva, cuando su vida fue trágicamente truncada por Bernardo Montoya, un hombre sin escrúpulos que acabó con sus sueños y aspiraciones. Era una mujer admirada por todos los que la conocían, quienes la describían como una "persona bellísima".
El delincuente, que había agredido sexualmente y asesinado a Laura poco después de salir de prisión por otro crimen cometido en 1995, fue condenado a prisión permanente revisable por un jurado popular.
Actualmente, se encuentra recluido en la prisión de Teixeiro, en A Coruña. La familia de Laura, que aún agradece el apoyo recibido en los momentos más difíciles, recuerda con cariño cada día la figura de la joven, así como su herencia artístico (lauraluelmo.com).
Laura, además de ser docente, era una apasionada de la pintura, la fotografía y el diseño, entre otras disciplinas. En reconocimiento a su talento y la huella que dejó, muchas personas en España le rinden homenaje en esta fecha tan significativa.
Una profesora entusiasta
Laura Luelmo Hernández, originaria de Zamora y formada en ciudades como Madrid y México, había conseguido un puesto como profesora de Educación Secundaria y Bachillerato en el Instituto Vázquez Díaz de Nerva a principios de diciembre de 2018. Una compañera le ofreció alojamiento en una casa cercana al centro educativo en El Campillo, propuesta que Laura aceptó con entusiasmo.
Durante los primeros días, Laura conoció a algunos vecinos, pero uno de ellos, Bernardo Montoya, le llamó la atención por la forma en que la observaba, algo que incluso comentó a su novio. Montoya, un ex convicto con un negro historial, había pasado desapercibido en la localidad. Aunque la proximidad de sus casas la inquietaba, Laura no conocía su pasado y continuó con su vida, mostrando valentía.
Un asesino llamado Bernardo Montoya
Sin embargo, el 12 de diciembre, su estancia en El Campillo se convirtió en una pesadilla. Laura, que llevaba solo cuatro días en el pueblo, salió a hacer ejercicio y a realizar algunas compras en un supermercado local alrededor de las 17:00 horas. Las cámaras de seguridad captaron sus últimos momentos de vida mientras salía del establecimiento, seguida por Montoya, quien la atacó poco después.
Bernardo Montoya la asaltó y la llevó a la fuerza a su casa. Durante los siguientes 75 minutos, Laura fue sometida a un horror indescriptible, siendo agredida sexualmente, maniatada y golpeada brutalmente en sus intentos de escapar.
El agresor la golpeó con una piedra hasta dejarla sin vida y abandonó su cuerpo en una cuneta a unos cinco kilómetros de su casa alquilada.
El cuerpo de Laura fue encontrado cinco días después, el 17 de diciembre, cubierto por ramas y con evidentes signos de violencia, un descubrimiento que conmocionó a todo el país.
Los investigadores identificaron desde el principio que se trataba de una "muerte criminal" y centraron sus sospechas en Bernardo Montoya, quien inicialmente negó conocer a Laura. Sin embargo, las pruebas recopiladas, incluidas las manchas de sangre en su casa y restos biológicos en el cuerpo de Laura, lo incriminaron. Montoya terminó confesando el crimen tras varios cambios en su versión de los hechos.
Un jurado popular lo declaró culpable por unanimidad, y la Audiencia de Huelva lo condenó a prisión permanente revisable por agresión sexual y asesinato, además de 17 años y medio de cárcel por detención ilegal en concurso con el delito de agresión sexual, con la agravante de género. También se le ordenó indemnizar a la familia de Laura con 400,000 euros. La pérdida de Laura Luelmo sigue presente en la memoria de muchos, y su recuerdo permanece vivo en quienes la conocieron.
Otro asesinato
Años antes, había sido condenado por el asesinato de una anciana de 82 años en Cortegana, otro municipio onubense. Cecilia, como era conocida la víctima, era una mujer apreciada por sus vecinos, quienes la describían como una persona bondadosa y trabajadora. Sin embargo, su vida se truncó de manera brutal a manos de Montoya.
Según el testimonio de Emilio Díaz, un guardia civil retirado que investigó el caso de Cecilia, la anciana había interpuesto una denuncia contra Montoya debido a un intento de robo. A pesar de las advertencias de sus vecinos, Cecilia se negó a retirar la denuncia, lo que desencadenó la ira de Montoya. El cuerpo de Cecilia presentaba múltiples puñaladas, evidenciando la brutalidad del crimen y la premeditación del asesino.
Un patrón de violencia y obsesión
Tanto el asesinato de Cecilia como el de Laura Luelmo revelan un patrón de violencia y obsesión por parte de Montoya. En ambos casos, las víctimas eran mujeres vulnerables y el móvil del crimen parecía ser el odio y la necesidad de ejercer control sobre ellas.
El caso de Laura Luelmo y el asesino en libertad Bernardo Montoya ha generado un profundo impacto en la sociedad española. Ha puesto de manifiesto la importancia de la investigación policial y la necesidad de contar con protocolos eficaces para la búsqueda de personas desaparecidas así como una mayor severidad en las condenas. Igualmente ha reabierto el debate sobre la violencia machista y la necesidad de prevenir y erradicar este tipo de crímenes, algo que, por desgracia, sigue ocurriendo en nuestra sociedad.
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